La justicia, hoy

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Pensar la justicia hoy, es casi un ejercicio fútil. Destartaladas, y por ende evidenciadas, las democracias liberales como meros constructos políticos útiles para el libre desarrollo del neocapitalismo, poseemos la certeza de  que nunca tuvieron por objetivo ser auténticas democracias. Así, ni la libertad, ni la igualdad de derechos y por tanto un trato equitativo ante los tribunales de justicia fueron nunca la prioridad. Era importante guardar ciertas formas procedimentales que hicieran incuestionable la democracia formal, pero de hecho el desvelamiento del tipo de gobierno exclusivamente económico era difícil evitarlo indefinidamente.

Por eso, afirmábamos que la reflexión sobre la justicia en un contexto social en el que nadie vela por ella parece un absurdo. Hemos visto actuar a los fiscales del estado en un intento de paralizar a los ciudadanos cuando estos parecían cuestionar aspectos del sistema. O intervenir en aspectos dela vida privada menores que parecían distraernos como si de un circo se tratase. También ser exageradamente coercitivos con los ciudadanos de a pies. Mientras, por otra parte, nos quedábamos perplejos de que personajes públicos acusados, y ya demostrado su delito, sigan disfrutando de unos privilegios, como la libertad, que si en su lugar fuéramos alguno de nosotros los que hubiéramos cometido una cuarta parte de su fraude, dónde estaríamos ya. Sabemos que hay pobres desgraciados que mal asaltan un supermercado, o un banco y van derechitos a la cárcel, cuando el monto de dinero no cubre ni la manutención  de los gastos diarios de Correa. Digo desgraciados porque quien hace eso sin ser profesional, es un desesperado.

En otros ámbitos del derecho penal, las condenas causan risa, sino ira. Diez años por violar a una niña, o veinte por arrasar con mujer e hijo que se convierten en trece con los beneficios por buen comportamiento. ¿Alguien cree que la justicia consiste en esto?

Deberíamos admitir tal vez, que en unos aspectos la justicia está sometida al poder y en consecuencia lo que hay es más injusticia. En otros ámbitos no hay justicia posible, porque ya no puede haber equidad ni reparación y los años que el culpable esté en la cárcel no pueden equilibrar nada. Si, encima esos años que se nos venden como la justicia son desproporcionados con el crimen, los que sufren el daño se sienten estafados, humillados y pisoteada su dignidad.

Donde la sociedad no se organiza en pos de la justicia, ningún recurso puede aparentar ser justo.

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