Inhumanidad platónica

Un comentario

Entre las recurrencias arraigadas en esa nebulosa condición humana, resulta especialmente irritante la tendencia a idealizar, modelizar o establecer paradigmas de todo lo que constituyen nuestros fines. Es decir, inconscientemente pensamos en la amistad como modelo y enjuiciamos nuestras relaciones en función de ese patrón, o por citar otro ejemplo pensamos en el Trabajo según un ideal de salario, bienestar y valoración de nuestro quehacer y rasamos el nuestro a expensas del modelo. En nuestra mente está, queramos o no, fuertemente instalado el razonar platónico. Acaso porque Platón no hiciera más que observar lo que de facto se daba.

Esta inercia mental es más hiriente cuando la empleamos en los juicios morales, porque hay quien entiende que debemos ser super-humanos, olvidándose de que la moral,  como reguladora de costumbres, y la reflexión ética son efectuadas por sujetos humanos para sí mismos y a esta naturaleza deben remitirse. De esta forma, creo que no es exigible moralmente perdonar al violador de tu hija, por citar una situación concreta, ya que la moral no puede demandar lo que la condición de humano no puede dar.

Entiendo que sería beneficioso rebajar las aspiraciones éticas en aspectos que no se adecuan a lo que parece ser el humano, un ente de emociones antagónicas que responde como tal a los estímulos del entorno. Cierto es que la moral debe modelar las conductas para que podamos dar respuestas humanas, pero eso no equivale a modular lo que debamos sentir. Es exigible moralmente no regirse por la ley del Talión, pero no es en absoluto regulable lo que está permitidos sentir o no.

Además, dejar de enjuiciarnos por modelos idealizados sitúa la reflexión ética en el terreno de lo meramente humano para que la moral deje de reprocharnos continuamente lo lejos que estamos siempre de lo deseable.

En conclusión, es necesario extraer cualquier rastro platónico de nuestra mente si queremos transitar moralmente en el ámbito de lo posible.

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