Imagen de: The New York Times
La situación mundial es de lo más bélica y preocupante desde la II guerra mundial. Locos-narcisistas no nos faltan: Trump, Netanyahu, Erdogan, …y toda la retahíla de fascistas que podamos imaginar -cada vez lo disimulan menos-. El nuevo ataque y guerra desatada por Estados Unidos -cada vez menos unidos- e Israel – ¿seguro que son el pueblo elegido? – ha dejado el mapa mundial, sobre todo en Oriente Próximo pero extendiéndose, en una cruzada de armas sofisticadas que, por cierto, acaban matando civiles y militares en una acción decidida por iluminados que solo buscan ser vanagloriados y prescinden del mandato democrático del que hacen gala.
La impunidad, palabra ya gastada a punto de dejar de existir y ser sustituida por normalidad, se la conceden el resto de Los estados que se quedan paralizados ante acciones ilegítimas, y callan para no ser los siguientes. Esto es clarísimo: si Israel actúa con total impunidad contra Palestina -lleva años masacrándolos-, ahora contra Irán, así como Estados Unidos lo hace en Venezuela y lidera el conflicto armado abierto contra Irán -por el camino ha amenazado a Groenlandia, Cuba y más países- es porque el resto de los estados les han concedido esa impunidad de hacer lo que les dé la gana, cambiando de motivo en horas. Incoherencia encarnada en Trump cada vez que habla.
El orden internacional pactado tras la tragedia de los campos de concentración nazis -no solo ocupado por judíos, sino también republicanos españoles, comunistas, los que no eran de raza aria, discapacitados, homosexuales…- y de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki, ya a modo de prueba porque Japón estaba a punto de rendirse y se afanaron en lanzarlas antes de que se notara demasiado -tendemos a mencionarlas menos que a los campos- , establecía límites en la legitimidad de las acciones entre estados que se aprobó con la creación de la ONU[1]. Cierto que no tiene el carácter de legalidad estrictamente que posee el orden jurídico de un Estado, pero sí el apoyo y compromiso de respetarlo de ciento noventa y tres países, y una serie de sanciones para aquellos que lo incumplan. Hoy, la ONU ha quedado obsoleta -a la vista está- y no parece que nadie se sienta ni obligado ni aludido.
Ante este panorama mundial, no hay árbitro, no hay nadie que pueda buscar un equilibrio y mediar por la pacificación, porque ya nadie posee esa autoridad. Quien incumple los acuerdos de la Carta de Naciones Unidas es absolutamente responsable de su unilateralidad, sin embargo, la impunidad se la otorga el resto de los estados de Naciones Unidas que, aparte de una condena verbal, se muestran pasivos y reaccionan en función de sus intereses económicos -como ante Irán, Gran Bretaña, Alemania y Francia que se ha sumado en forma defensiva -dicen- al bando de Estados Unidos.
Así pues, volvemos al origen del mal, la economía capitalista que lleva a los estados a actuar en pro de su beneficio, prescindiendo de valores -que no son más que vocablos vacíos- como la justicia y la libertad.
Alguien podría objetar que no es cuestionable que cada estado actúe en función de sus intereses económicos. Bien, así hemos funcionado y así estamos, y así nos va. Tal vez, la lógica capitalista sea incompatible con la paz, porque ha convertido la impunidad en la normalidad.
[1] La Organización de las Naciones Unidas (ONU), también conocida simplemente como Naciones Unidas(NN. UU.), es la organización intergubernamental mundial establecida mediante la firma de la Carta de las Naciones Unidas el 26 de junio de 1945 con el propósito declarado de mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar las relaciones amistosas entre estados, promover la cooperación internacional y servir de centro para armonizar las acciones de los estados en el logro de dichos objetivos.

…y qué impotencia, qué rabia ante esa impunidad continuada que ahora se ha convertido en protagonista porque así lo han decidido el sheriff y su protegido genocida. Impotencia y… desprotección. Porque esa UE, esta Europa que parecía la gran panacea, resulta que no solo tiene a un miserable, Putin, destrozando Ucrania, sino que los dirigentes europeos, ante el impresentable de Trump, siguen bajando la cabeza y, me temo, que llegarían a bajarse pantalones, calzoncillos/bragas y hasta pondrían el catre y el preservativo, a la menor sugerencia del matón.
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Menos Sánchez que se está quedando solo. Al menos con dignidad
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Cierto, menos Sánchez. Y ese, cuasi quijotesco, «aquí no reabastecéis los aviones», ha estado genial; lástima que otros tres mandatarios europeos se hayan apresurado a gritar «¡aquí sí, aquí sí!». Vamos, que si al pajarraco estadounidense le da por quedarse con Groenlandia, más de la mitad de los gobernantes europeos irán a despejarle la isla de nieve para que no se le estropeen los zapatos al hombre.
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Jajaja jajaja. Río por no llorar!!!
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