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Existe una línea, casi imperceptible, entre el sentido del yo y el instante en que éste se resquebraja actuando en oposición un alter ego destructor. Muchos sujetos no se aperciben de tal sinuosa hechura y se confunden en una identidad paradójica, y contradictoria. Ahora bien, quienes, por sensibilidad aprecian el desfibrar sedoso de esa ínfima línea, sostienen un arduo tejer, contra el desgarro cansino provocado por el alter ego, que aparece infinito o causa de rendición legítima.