La pobreza en nuestro entorno es más sofisticada. Nuestras sociedades revisten estéticamente lo que no soportan. No cabría un niño retorcido en nuestras calles comiéndose las migajas del suelo. Ocultamos y recluimos en lugares adecuados cada suceso, para que no resulte pornográfico.
Eso no es óbice para que nuestras ciudades estén llenas de personas periféricas, orilladas y malditas que pueden ensuciar el paisaje urbano y a las que es necesario marginar para que pierdan vistosidad. Los guetos fueron siempre el recurso fatalmente utilizado.
