Cuando alguien solícito nos pide unas monedas por la calle, es cierto que no azotamos al eje del mal, respondiendo a esa persona con un desayuno o algún euro. Pero, aliviamos en algo su situación y no ahogamos el grito de nuestra sensibilidad.
Dar
Publicado por Ana de Lacalle
Escritora alacallefilosofiadelreconocimiento.com Ver todas las entradas de Ana de Lacalle
