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El fracaso es la manera en que interiorizamos un acontecimiento. No hay que negar que existan objetivos que no logramos culminar, que haya otros que sí. Pero  que los hechos externos deriven en que un sujeto “sea” un fracasado, depende de la metabolización interna que hacemos de los hechos, y en gran medida de la creencia que “somos lo que hacemos” como reza algún eslogan publicitario. El individuo humano se muestra en sus acciones, pero no se agota,  ni deja ver su complejidad en ellas. Si nos basamos en un modelo reduccionista de lo que es y puede llegar a ser el sujeto, estaremos condenando y ninguneando a una gran parte de la humanidad que no se aviene al mencionado modelo.

Tras cada modelo cerrado yace una ideología que se propone imponer una forma de ser humano, para beneficiar a unos determinados intereses económicos.