Sanguijuelas contundentes

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Acaso no sean más que sanguijuelas quienes anhelan fervorosamente libarnos los bienes del alma, o el alma misma. Aunque se me antojan, más que anélidos, zombis arrastrándose mientras se les disipa la vida y agotan su postrera posibilidad de revivir. Suelen ser agudamente sutiles y con apariencia inocua, para que confiados les entreguemos, sin resistencia, ese hálito del que carecen. Constituyen los adversarios mayores, porque nos despojan de lo más sustantivo: nuestra identidad vital.

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