
¿Quién no se ha sorprendido alguna vez al ver refutada su versión de los hechos de un día cualquiera de su vida? El azar, las circunstancias… nos pueden enfrentar a una versión de nuestra vida tan incontrovertible como irreconciliable con la versión ya establecida. De repente a nuestros pies, el abismo. ¿Puedo o no confiar en mi mente? Y si no puedo, ¿qué me queda? ¿En qué puedo confiar más infalible? ¿Qué hay más allá de mi yo?
Nuestra memoria no es certera: es dúctil, maleable, selectiva, sesgada y marcadamente subjetiva. Y precisamente por ello tiende a engañarnos, por paradójico que parezca. Porque ¿para qué habríamos desarrollado tal herramienta si no para confiar en ella?
Ciertamente, la memoria es pieza clave en la inteligencia humana, y eso le valió ser seleccionada en nuestra historia evolutiva. Pero de ahí a asumir que por ello deba ser fiel a la ‘verdad’ hay…
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