El silencio: las tragedias que esconde.

Un comentario

“(…) La ignorancia se retira, a menudo, al santuario del silencio, el defectuoso encuentra ventajas callando, ya que el silencio lo transforma en un personaje misterioso. Además, hay que evitar hablar aún con más motivo, ya que un corazón sin secretos es una carta abierta (…)[1]

Solamente quien posee conciencia de su ignorancia actúa con recato y se retira a ese santuario del silencio, denominado así por el autor. Este callar le confiere un halo de misterio que hace de él alguien interesante, aunque no por su saber sino por su nivel de conciencia y autoconocimiento. Sin embargo, aquellos que aparecen como cartas abiertas, permiten comprender por qué los programas de telerrealidad tienen el éxito y la audiencia tan elevada: ver el interior expuesto del otro, como una carta abierta, y que ese sea el objeto del programa, otorga derecho a los televidentes a juzgar, condenar, exculpar a quienes allí se muestran. Quien mira se proyecta en el personaje desnudo y transparente, y el programa cumple una función catártica que permite a quien lo ve y se implica continuar con sus míseras vidas.

De ahí que, por el contrario, se exponga en las redes sociales aquello que queremos dejar ver a los nosotros, una vida maravillosa que sin basarse en el silencio se expone como aquello que desearíamos que fuera nuestra vida. Tampoco hay que ignorar que, al margen de esta impostación, también se utilizan las redes para no callar, no guardar silencio y mostrar nuestro interior -a veces con seudónimo- para ser acompañados por otros, evidenciando la soledad no deseada que padecen muchas personas, y cuyo silencio es en consecuencia una imposición ante la falta de interlocutor.


[1] Corbin, A. “Historia del silencio” Fragmenta Editorial. Barcelona 2o22. Pg. 108.

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