¿Qué puedo hacer? en lugar de ¿Qué nos cabe esperar?

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Haciendo un ejercicio de nostalgia, repaso el blog -que tiene quince años, aunque solo pueda accederse a su segunda versión, ya que la primera “nomecreocasinada” la substituí por la actual en el 2016, pasando a una versión de pago-. Encuentro una multiplicidad de escritos, algunos que no recordaba, y que siguen teniendo actualidad. Nuestros tiempos son fugaces, pero quizás no tanto.

Lo que más me sorprende es que durante dos años consecutivos la entrada más leída haya sido ¿Qué nos cabe esperar?[1] Hay otros artículos, a mi juicio, con más entidad. Pero parece evidente que al lector el título del artículo y su desarrollo le despierta un interés mayor. Me cuestiono el porqué, evidentemente, y entiendo que la que despunta con más intensidad es esa pregunta kantiana, la cual debe tener una vigencia más angustiante de lo que podemos reconocer.

Leer un texto en el que crees que alguien va a responder a esa pregunta urgente, por lo que constato, es síntoma de una necesidad de certezas en un contexto en el que la incertidumbre nos apabulla. Sin embargo, no estamos en la Ilustración, y eso significa que universalizar qué nos cabe esperar hoy, ya no significa lo mismo. Esta cuestión ya queda clara en el escrito original, no obstante, los lectores ante una pregunta incluso anacrónica siguen acudiendo como si de un oráculo divino se tratase. Posiblemente, y a pesar de que actualmente eso sería casi de mentes acríticas, hay una inquietud común en lo humano, una angustia por la certeza de un  sentido único de la vida, que aunque hoy podemos racionalmente entender que en sí misma carece de sentido alguno, y es cada sujeto el que le otorga ese sentido, sigue subyaciendo en la mente más primaria del ser humano la esperanza de que eso no sea así: de que haya un significado, aunque sea mínimo, que nos ayude a agarrarnos a la vida, más allá de lo que nos acontezca personalmente.

Filósofos posteriores a Kant se ocuparon de la cuestión de la esperanza en algo trascendente, desestimándola e intentando mostrar que los humanos no somos tan importantes como para tener una misión que garantice el sentido.

Así, Schopenhauer entendió que la voluntad de vivir como una pasión ciega que recorre toda la Naturaleza, nos impulsa a vivir, a permanecer y lo único a lo que podemos aspirar es a descubrir cómo vivir sufriendo lo menos posible. Mainländer entiende que la vida es tediosa porque somos partículas resultantes del suicidio de dios. Y éste se suicida por aburrimiento de ser siempre lo mismo. La muerte de dios propicia la vida del hombre, por lo que podríamos entender la razón por la cual nuestra vida está destinada al propio suicidio, o, si no, a soportarla más que a vivirla. Dicho en otros términos, desaparecida cualquier tipo de trascendencia solo queda lo material, corpóreo y en ese sentido solo hay inmanencia. Si la vida no es más que lo que podemos constatar como presente materialmente, esperar un sentido ulterior es absurdo, más cuando lo trascendente se diluyó por sí mismo, por falta de sentido propio. En una línea parecida Nietzsche optó por mostrar en su propia carne cómo puede sostenerse una vida constituida por placer y dolor, cómo es posible mirar el dolor de cara y carcajearse, afirmando la vida hasta las últimas consecuencias; como si fuese un ciclo recurrente y eterno a partir del que entendemos que vivir plenamente el instante es lo más veraz que poseemos. Y para acabar este sucinto recorrido, Cioran entiende que la vida es soportable porque sabemos que podemos suicidarnos, y esta posibilidad de acabar con la propia vida nos permite mantenernos en ella.

Es decir: ¿Qué nos cabe esperar? Nada. Tan solo nos cabe asir la vida en nuestras manos y hacer de ella lo que deseemos que sea -al margen de las particularidades de cada uno, que son lo auténticamente real-. Ciertamente esta opción puede no satisfacer a muchos, y arrojarlos a la desesperación más profunda. Sin embargo, en cuanto todos estamos en las mismas condiciones de vacío, el hecho de sucumbir es una decisión que cada uno lleva a cabo con más o menos dificultades. ¿Qué motivos hay para seguir viviendo? Ninguna esperanza trascendente que intervenga y transforme la mediocre y cruel humanidad, tan solo la decisión propia de que hay algo que hace la vida deseable. Esa labor es absolutamente individual e intransferible, es plantearse ¿Qué hacer con la vida?


[1] https://filosofiadelreconocimiento.com/2020/05/03/que-nos-cabe-esperar/

Plural: 4 comentarios en “¿Qué puedo hacer? en lugar de ¿Qué nos cabe esperar?”

  1. ¿Qué hacer? Buscar los botes salvavidas, wi fi incluido para no desconectarnos de San Narciso ( Amén / like) y remar en pos de nuevos horizontes virtuales….Mi otro Yo que ante la primer señal de alarma abandona el barco, me pregunto donde cobrar el reintegro por lo vivido…

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