¿Qué nos cabe esperar?

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Una de las preguntas fundamentales que formuló Kant -vinculada inexorablemente a las otras- fue “¿Qué me cabe esperar?”. Desde su perspectiva solo podíamos responder, consecuentemente, tras haber respondido a las cuestiones sobre las condiciones de posibilidad del conocimiento del mundo y sobre la ley moral que regula nuestras acciones.

Pero tal vez, para nosotros hoy, en una sociedad de referentes relativos y en este sentido débiles, ya que la validez de unos y otros parece simétrica, la búsqueda de una respuesta a esta pregunta se halle desvinculada de cuestiones epistemológicas y éticas, ya que el pragmatismo imperante esta en conexión con un posibilismo que desbordaría en sentido kantiano de la cuestión.

Así, ¿” Qué me cabe esperar”? Pues, en el contexto actual, el subjetivismo de las respuestas viene agudizado no solo por motivos axiológicos, sino también por las condiciones socioeconómicas en las que cada sujeto está inmerso. La transcendencia de la cuestión kantiana se arraiga a lo inmanente, y solo desde este marco delimitado podemos rebuscar una respuesta verosímil. Anhelamos o esperamos no perder nuestro trabajo, no enfermar, no perder a seres queridos y solo cuando esto esté garantizado con una cierta estabilidad, acaso podamos preguntarnos nuevamente por nuestra libertad, nuestra vida después de la muerte y si hay un Dios que pasivamente nos deja destruirnos como necios.

Se confirma, por lo tanto, la tesis de que, ante necesidades perentorias, las cuestiones sobre el sentido quedan aplazadas por nuestra incapacidad de ocuparnos de algo que no sea nuestra supervivencia y la de nuestros familiares.

No obstante, cabe precisar que la pregunta de Kant, no es una cuestión de las sociedades postmodernas. El sentido pragmático al que nos ha llevado el decurso de la historia nos lleva a demandarnos como transitar la existencia de la forma más placentera y menos dolorosa, al margen de razones legitimadoras de nuestras aspiraciones de naturaleza transcendente. Es la carencia de sentido absoluto la justificación de nuestros anhelos, y el factor que nos ha llevado a ubicarlos en la esfera de lo mundano y posible. Porque la necesidad de aferrarnos a algo sigue latente, aunque sea de lo más fugaz y caduco porque mientras sea útil tendrá valor redentor para cada sujeto.

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