¿Falacias identitarias?

IMAGEN EXTRAÍDA DE https://www.mentesenequilibrio.com/post/2017/03/04/construcci%C3%B3n-de-la-identidad-personal-c%C3%B3mo-mantener-nuestra-individualidad-y-nuestras-ca

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No somos quienes éramos. Aseveración tautológica, casi, aunque también empírica. La conciencia de ser un individuo distinto de lo Otro, nos impulsa a asenderear angustiosamente en busca de una supuesta nuestra identidad. Sin embargo, la pretensión de acotar quiénes somos es una tarea ingente e infructuosa, ya que somos aquellos que fluimos en el acto mismo de ser, cambiando, modificando en la interacción con lo Otro nuestro siendo, por eso el humano es un siendo permanente.

Esto no significa que no haya nada en absoluto que se mantenga inalterable, si así fuese la identidad sería una quimera absoluta. Lo que reconocemos en nosotros mismos proviene de un cierto carácter, una conjunción genética y ambiental, que nos imprime tendencias y delimita relativamente el umbral de nuestro siendo. Así, poseemos una cierta conciencia de nuestra identidad que está, no obstante, sometida a los influjos externos y que va puliéndose como una piedra preciosa.

Establecido lo anterior, sugiero que lo problemático surge cuando pretendemos hacer de la identidad un fin, como si fuese algo posible de apresar y mantener inalterable, o como si al no poseer un ser fijo, no fuésemos nada. De este temor se deriva la tendencia imperante a buscar categorías en las que nos reconozcamos, cuando ninguno de nosotros se agota en ninguna de ellas. -por ejemplo: movimiento LGTBI+, feminismo, izquierdas, derechas, condiciones o trastornos mentales, …-

Nietzsche mostró cómo los conceptos eliminan lo singular y peculiar y, en consecuencia, anulan la particularidad subsumiéndonos a todos de manera homogénea. La necesidad de definir la identidad a base de ubicarnos en diversas categorías es un síntoma de haber sobrevalorado lo que una determinada identidad puede aportarnos.

Esta falacia de lo identitario es una de las insidiosas maniobras de las sociedades neoliberales que estimulan la necesidad de dotarse de una identidad existente que se resumen en: lo sexual, lo mental, lo nacional. Como si fuésemos mentes determinadas por nuestro sexo, el tipo de condición o patología psíquica y la nación en la que nacemos. Reducir lo humano a esta serie conceptual no es un ejercicio neutral, sino una sutileza manipuladora que cercena nuestro desarrollo como siendos, posiblemente porque resulta crematísticamente beneficiosa para alguien. No pecaremos a estas alturas de ingenuos.

Proporcionando otro ejemplo que pueda resultar ilustrativo, si personalmente me midiera por los parámetros mencionados, sería una mujer, que siempre escribe en masculino, con X patología mental y sin nación sentida -obviamente, sí natal. Este mejunje indicaría que existe alguna falla en mi identidad, o que por el contrario soy susceptible de consumir una diversidad de productos por mis ambigüedades. A lo peor, sin saberlo, soy la consumidora idónea para una serie de servicios o mercancías ya que este es, al fin y al cabo, el fin último de la sobre-diversidad[1] social.

Sintetizando, la necesidad angustiosa de acotar la propia identidad está subrepticiamente estimulada por el sistema económico, porque cada dispersión identitaria -sea o no ciertamente un recurso para reconocer la propia identidad- amplia las necesidades y, por ende, los productos que pueden satisfacerlas. Además, y no es una cuestión menor, centra nuestra mente en reivindicar las categorías que nos definen, despojándonos de toda la energía y olvidándonos de que para ser, quien seamos, existen condiciones previas y más urgentes que atañen a las condiciones de supervivencia y existencia que acabamos ignorando y que deja las manos libres al poder para ir menoscabando nuestra auténtica libertad y nuestros derechos, que solo pueden ser ejercidos y queridos desde la igualdad de oportunidades y desde unos mínimos de recursos para vivir.

Si apostamos por la singularidad de cada individuo y una dinámica única de su siendo, lo prioritario debería ser que se den las condiciones materiales justas, para que esas singularidades puedan ser puestas de manifiesto sin la obligatoriedad de subsumirse en ningún colectivo categorial que nos disuelve en un todo parcial, que no nos representa. Nos representa lo común: tener dónde vivir, un medio digno -trabajo- y poder alimentarnos de manera sana. Y esta estructura impuesta desde los albores del capitalismo es la que el neocapitalismo actual se afana en que minimicemos, seguramente para no dejar que se arraigue semilla alguna que pueda desembocar en una revolución social.

Sin ser un modelo de reflexión filosófica, este programa afronta, tal vez, algo superficialmente la cuestión sobre la que hemos reflexionado.


[1] Utilizo el término de sobre-diversidad, críticamente en cuanto es la dinámica cultura y social -siempre promovida por los poderes económicos- los que parecen tener especial interés en que cuantas más categorías bajo las que subsumirse por parte de los individuos, mejor.

Plural: 2 comentarios en “¿Falacias identitarias?”

  1. Al neoliberalismo le interesa el individualismo postmoderno para dominarnos,con la ayuda consciente o inconsciente de nuestra izquierda perdida en luchas nacionalistas ,olvidando su esencia principal:la lucha de clases.

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