IMAGEN
- País: España
- Categoría: Pintura
- Temática: Figura
- Técnica: Óleo
- Soporte: Lienzo
- Medidas: 90 x 90 cm
- En Artelista desde: 24 de febrero del 2020
- Etiquetas: surrealismo, fantastico, figurativo, clasico
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Todos los individuos tienen complejos. Unos son conscientes de ellos y aprenden a manejarlos y otros desparraman a su alrededor su herida mediante acciones orientadas a menoscabar el yo ajeno. Un complejo podría ser definido -sin ser clínicamente rigurosos- como un conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto, que perturban su comportamiento. Éste último es el que afecta a los otros y, en ocasiones, atenta contra los otros.
En algunos individuos las conductas orientadas a compensar su complejo son ostentosas y exageradas. Por ejemplo, aquellos que ensalzan continuamente sus logros y son incapaces de considerar los ajenos, porque les dispara su mecanismo de defensa que, en este caso, puede consistir en dejar claro que el mejor, es él.
En otros casos, las respuestas compensatorias son más sutiles. De tal forma que cuando uno es discretamente el objeto del afán de destacar del otro, duda, cuestiona que realmente haya sucedido lo que cree haber percibido. Piensa que tal vez es su sensibilidad o inclusive sus propios complejos, pero que el actuar del otro no contenía esa fina intención que le atribuye.
Sin embargo, cuando la acción de un individuo insiste en diversas ocasiones en quitarle la silla para que se dé un golpe de nalgas, si uno es objeto último de ese actuar, empieza a plantearse con más certeza qué ha hecho él, qué le pasa al otro y si es responsabilidad suya o no el hecho de que el otro lo tenga en el punto de mira.
Hay un instante en el que ya no son sospechas sino certezas empíricas. Las causas que provocan en el individuo acomplejado su acción, que a menudo es reacción porque brota en él con un impulso genuino que no le permite ni pensar, pueden ser diversas, múltiples y difíciles de desentrañar. Sin embargo, hay una que suele ser bastante común: la envidia. Ésta puede ser tristeza o pesar del bien ajeno, o su complementario, es decir, emulación, deseo de algo que no se posee.
Hay quien siente que otros, que lo merecían menos, han logrado un éxito mayor en su vida. Cabría analizar que se entiende por éxito, ya que la mayoría de los aspectos que han ido determinando la vida de otros les son desconocidos, por lo que se fijan en un único ámbito en el que quizás esa persona ha destacado. Aunque su existencia con la complejidad que conlleva no sea considerada. Entonces, parecen obsesionarse con un logro ajeno que a ellos se les clava, cada vez que queda explicitado, como una fina aguja. Buscan, sin ser conscientes, la manera de erigirse ellos en el centro de atención y menospreciar al otro.
Para quien es objeto reiteradamente de la obsesión de otro, es una situación incómoda que puede obviar durante un tiempo o siempre. También puede suceder que, en un momento dado, los desprecios del acomplejado colmen su paciencia. Entonces puede responder contundentemente; momento en el que el acomplejado mantendrá la calma porque lo ha logrado desquiciar. Así, consigue que el ofendido quede como el raro y exagerado, y él se desprenda dignamente de esa agresión.
Los peores son los que poseen esa astucia sibilina. Y seguro que todos nos hemos topado con alguno, o sin ser conscientes somos uno de ellos. La única manera de saberlo es un conocimiento profundo de uno mismo. Si sabemos cuáles son nuestros puntos de dolor es más probable que inhibamos acciones que atenten contra otros, simplemente porque poseemos la conciencia de que esa emoción que surge está en nosotros y no en la acción del otro.
Para esto último hace falta valentía y coraje. Muchos prefieren seguir pensando que el destino es injusto y que merecían mucho más de lo que han conseguido. Y puede ser cierto, pero eso no depende de los demás. Simplemente de las circunstancias en las que uno se halle y de habilidades que desconocemos no tener y son quizás importantes para lograr ese supuesto éxito que el acomplejado anhela.
Nos hemos centrado en la envidia, porque daña a otros. Ahora bien, los complejos pueden ser muchos, dañar a quien los sufre y a otros. Quizás lo importante es intentar identificar las emociones, dilucidar de dónde provienen y no salpicar con la neurosis propia a los otros. Porque todos padecemos en la vida, y los hay que conscientes de ello procuran no proyectarlo en los otros.
