¿Qué hay tras un porqué?

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El proceso de socialización consiste en amoldar al individuo al sistema social, cultural y económico en el que vive. Aún así, como somos humanos, desde pequeños solemos demandar el porqué de costumbres, normas sociales o hábitos que no entendemos. Esto lleva a los adultos a apercibirse de la arbitrariedad de muchas normas sociales, y, a los más avezados a descubrir que tras esas normas más que azar hay intencionalidad, o, dicho, en otros términos, la voluntad de imponer una manera de ver el mundo que el individuo interiorice hasta la médula, de tal manera que a pocos se les ocurra indagar qué hay detrás de esa normatividad.

Aquí la ingenuidad e inocencia de los niños es un gran tesoro, ya que en ese proceso de socialización son capaces de vislumbrar las inconsistencias de un conjunto de normas. Por ejemplo, cuestionar ¿por qué los niños no pueden llevar falda, si las niñas llevan? Ante este porqué no hay una respuesta sencilla, ya que responde a una serie de costumbres en las que las mujeres solo podían llevar falda, un signo del rol femenino que consistía en ser por y para el sexo masculino. La novedad hacia una cierta igualdad fue que la mujer pudiese ponerse pantalones, pero este cambio se quedó a medias al seguir considerando que, no obstante, no podía aceptarse que un hombre-macho luciera una falda. Si esta pregunta la formula un niño de tres años es difícil encontrar una respuesta sencilla y satisfactoria que sacie el deseo del niño de ponerse falda. ¡Ojo! Esta pregunta no tiene nada que ver con la identidad sexual del niño, no confundamos las cosas y caigamos en lo tópicos machistas que rechazamos.

Retomando la cuestión inicial, a saber, la inquietud que nos lleva a plantearnos los porqués y qué respuestas nada evidentes puede haber tras ellos, constatamos que el primer paso para rebelarse contra lo impuesto consiste en demandar el porqué relativo a las formas de vida. El segundo, es esperar una respuesta y si no la consideramos satisfactoria volver a cuestionar, ahora la respuesta recibida. Esta actitud crítica es un incordio para los que pretende que las sociedades sean sistemas en el que las disconformidades sean mínimas, por lo que en la cultura occidental -al menos- se ha procurado una partición de la razón en conocimientos especializados y estancos, que no facilite el desarrollo de un interés por el metaconocimiento, sino que se acople a una especialidad. Esto se logra reduciendo al máximo la formación en las humanidades, es decir todas aquellas materias que abordan la vida del humano, la analiza, la cuestiona e intenta entenderla. Entre estas materias encontramos las lenguas y producciones literarias, la historia, la filosofía, la antropología, etc.,…Y, dicho esto, el tercer paso para rebelarse contra el dominio al que se quiere someter a los individuos es, precisamente, cultivar el conocimiento humanístico que nos permitirá saber lo que ya ha sido cuestionado y no resuelto, y cuyo ejercicio nos llevará a mirar el mundo de una manera sospechosa, dudando de que las cosas funcionen como aparentan, e indagando el meollo de las cuestiones que despiertan nuestro interés porque siendo relevantes se consideran formas incuestionables.

En síntesis, tras un porqué hay una práctica poco clara, y tras ésta intenciones inconfesables que se espera que el individuo no desvele. Y visto esto, tenemos la responsabilidad de no dar nada por sentado, creer que todo puede ser cuestionado y si procede cambiado, ya que la realidad material en la que vivimos es cambiante, y si no orientamos desde unos parámetros colectivos este dinamismo, será capturado por aquellos que aspiran a monopolizar el poder de decidir y realizar cuanto quieran, alejándose del bien común.

Tras cualquier porqué hay una necesidad de entender lo que nos resulta confuso, y la responsabilidad de transformarlo en formas claras que beneficien al conjunto de la sociedad.

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