Controversias infinitas: la identidad de género. -y yo soy masoquista-

Un comentario

Hay temas sobre los que parece oportuno escribir, pero me producen una extrema pereza hacerlo. Quizás porque entiendo que nos hallamos en un extremo radicalizado en oposición a lo que durante años se sostuvo, y aún se sostiene en muchos países, y me resulta inútil entrar en disquisiciones que considero modas, aunque solo sea por su radicalidad y porque se intentan imponer como el discurso dominante. En este sentido, tengo la impresión de que en el futuro acabaremos situándonos en un justo medio más apropiado y que cualquier esfuerzo discursivo, hoy por hoy, resulta inútil.

Pienso, por ejemplo, en la denominada identidad de género que sostiene que el sexo no va vinculado al género y que ambos son una construcción cultural que puede ser revertida. El lenguaje humano nombra cuanto le rodea para poder comunicarnos, entendernos entre nosotros, y si cabe, aún más importante, entender el mundo. Esto, obviamente no es inocuo, ya que el mundo es, finalmente, una construcción lingüística.  Sin embargo, no parece que pueda ser de otro modo, no podemos erradicar el lenguaje porque sin él nos quedaríamos muy incompletos como humanos. Hay quien asevera que el lenguaje es lo que hizo lo humano como tal.

Con esta consideración, hay que matizar que el uso que hacemos de las categorías con las que asignamos sentido a las cosas, puede ser dogmático, asfixiante, o bien fluido, en el sentido en el que, al igual que cambia la cultura, con ella cambian significados y surgen otros nuevos. Ahora bien, lo que no podemos evitar es poner nombre a las cosas, ya que somos seres simbólicos y necesitamos ordenarlas en una constelación de sentido más amplia.

Así, y en relación con la cuestión de la identidad sexual, ¿podemos evitar cuanto tenemos un hijx decir en función de sus genitales -y de un acervo biológico que, lo tengamos presente o no, ha dado lugar a ese fenotipo y no otro- si es un niño o una niña? ¿debemos evitar hacerlo? En la mayoría de los casos los genitales son claros: o es un macho o es una hembra. Ahora bien, que esto no de por sentada la orientación sexual o la identidad de género que ese individuo asumirá como propia, me resulta lo más apropiado; de igual forma que no debemos dar por sentado nada de lo que será o elegirá ese individuo con relación a su propia existencia.

Ahora bien, problematizar de entrada algo que viene mostrado biológicamente e inhibirnos de nombrarlo para que el lenguaje no opere performativamente, tal vez sea algo exagerado.  Ayer, aparecía un artículo en el periódico que recogía la clasificación de identidades de género que categorizó -ojo al dato, como mínimo contradictorio- Jhon Money[1], padre científico-intelectual de la teoría queer, en setenta y dos tipos.  La cuestión resulta altamente controvertida porque, siendo indiferenciables algunos de los tipos que aparecen, ¿no era la categorización el problema? ¿Si en lugar de dos o tres o cuatro, tenemos setenta y dos géneros, no estamos encapsulando nuevamente las singularidades que deben poder desarrollarse y manifestarse como únicas? Si son únicas, no hay categorización como tal, hay designación individual que realizaremos sin destacar, por supuesto sus matices de género.

Recomiendo consultar la nota a pie de página, ya que narra el experimento que realizó con un par de gemelos para fortalecer su teoría, y no tiene pérdida.

Me sorprende el silencio casi absoluto de la comunidad científica, genetistas en concreto, respecto de cómo lo biológico condiciona o no la supuesta identidad de género, que sí es una construcción cultural, seguramente necesaria para abrir la mente a las realidades de individuos cuyas tendencias sexuales o de identidad de género no coinciden con su sexo, sin que sean considerados anómalos culturalmente, sean respetados y considerados como un individuo más con todos sus derechos.

No obstante, dista bastante la plena consideración de las personas gais o trans o inter, a pretender que todos los somos, como si lo biológico hubiese sido culturalmente anulado. Esta es la cuestión más controvertida: la influencia del sexo biológico en la apropiación del género, y que en consecuencia no pueda considerarse el sexo como algo cultural -más allá de que todo cuanto nombramos con el lenguaje lo es, pero no por ello decimos que la ley de la gravedad es cultural- al igual que el género.

El tema da para controversias infinitas. El riesgo es que se convierta en la única forma de entender el asunto y se imponga de manera semejante a como se impusieron otras concepciones en el pasado que se consideraban incuestionables. Los defensores de la fluidez no pueden mostrarse dogmáticos, porque algo no encaja.


[1] https://es.wikipedia.org/wiki/John_Money

Singular: 1 comentario en “Controversias infinitas: la identidad de género. -y yo soy masoquista-”

  1. estos filósofos que cometen el harakiri intelectual al ir contra la corriente de los que marchan bajo la efigie del arco iris…Poder cuestionar el amplio abanico de colores….herejía…si se exige un baño para cada color, qué importancia tiene la existencia de aulas para todos los humanos…soy igual siendo diferente…más claro ni el agua, la cual es neutra por ser incolora….Sorry mi otro Yo que atiza el fuego de esos infiernillos que solo hacen olas…para despistar al enemigo…besos al vacío desde el vacío

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