Que nuestras sociedades están enfermas no es ninguna novedad. Que de la matriz afectada surgen ramificaciones, que en sí mismas, pueden constituir otras enfermedades, es una cuestión para pensar bien. Tal vez, la dolencia nuclear sea, como ya afirmó Nietzsche, el nihilismo y de ese vacío, esa nada que se nos vuelve insoportable, por lo cual buscamos derivadas que nieguen la nada para llenar la existencia de sentido. Si tuviésemos que citar todas sería un cometido voluble y cambiante. En estos momentos, personalmente, me irrita en especial, que algunos se construyan relatos que dan cuenta de sí mismos y su historia, y exijan como muestra de lealtad y amistad, un seguimiento ciego, a lo borreguil, aunque no sepamos de qué va la contienda, pero por fidelidad hay que hacer seguidismo. Es una especie de narcisismo inconsciente en el que uno se considera en posesión de la verdad, y experimenta como un agravio que alguien le demande explicaciones de sus posiciones, palabras o acciones.
Creo que siempre he tenido cierta alergia a ser reducida a un único relato, una institución, que nunca agotaba la diversidad de aristas de quien soy y voy siendo. En consecuencia, padezco como una cortapisa de mi libertad y un rechazo de mi persona el que no se respete mi idiosincrasia y, ésta está siempre, rehaciéndose a sí misma siendo irreductible. Quienes sean capaces de dialogar conmigo, sin la pretensión de que acabe siendo una adoctrinada, podemos pasarlo bien, entre palabras, ironías y otras variedades del intercambio entre iguales. Por el contrario, no soporto esa noción de incondicionalidad que creo que no se le puede conceder a nadie. Inclusive, si los hijos hiciesen algo que me pareciese cuestionable, creo que no obtendrían mi incondicionalidad de pensamiento y acción; otra cosa es ese amor que me llevaría a estar a su lado, sea lo que sea que hayan hecho. Pero, a excepción de ellos que son parte de mi cuerpo, nadie más puede reclamarme la incondicionalidad de pensamiento y acción que no le concedo ni a mis hijos, y me resulta deplorable que se perciba la discrepancia, si la hay, o que se solicite información a quien la posee para entender de qué estamos hablando, como un desplante o un ataque a la amistad. Tal vez, tengan esa relación mal entendida. No quiero amigos que me den la razón, si no que me cuestionen para ayudarme a fortalecer mis posiciones, matizarlas o incluso modificarlas. Dicho esto, soy quien soy, y mi actitud interrogativa, crítica y de querer conocer a fondo cuestiones que me son ajenas, van en el paquete. Así que, por favor, respétenme, como yo intento respetar a los otros -con las limitaciones que todo humano tiene-
