La tenacidad es una cualidad que consiste en perseverar, ser constante y firme ante un determinado reto, adversidad que nos sale al paso en la existencia. A menudo, hoy en día y siendo el término añejo, se utiliza el término resiliencia para referirse a la capacidad de afrontar las adversidades, adaptándose a las circunstancias sin caer en la desolación y convirtiendo las circunstancias en una oportunidad para fortalecerse como sujeto.
Obviamente la resiliencia no sería posible sin una gran dosis de tesón que permita al individuo gracias a su obstinación -en sentido positivo- lograr superar los contratiempos.
Ahondando en la cuestión ser resiliente exige capacidad para soportar el dolor, para sufrir ante la frustración y las negativas tajantes que te da la existencia -a modo de bofetón en la cara-. El proceso de consecución de cualquier propósito es doloroso y placentero, ya que avanzamos hacia él con errores y sin hallar la solución. Por eso, la tenacidad es imprescindible para actuar como un Sísifo con final feliz. Intentaremos realizar lo que nos hemos propuesto o nos exige el entorno, reiteradamente, sin rendirnos hasta que lo consigamos. Esto no excluye que, en algún momento, admitamos y demandemos la ayuda de otros. Este mismo saber pedir a otro, lo que para mí se ha convertido en un escollo que me resulta insalvable, forma parte de la tenacidad mencionada.
De aquí que, reclamemos que la educación no consista en facilitar continuamente que los niños puedan funcionar según la ley del mínimo esfuerzo, sino con tenacidad y, a la larga, resiliencia. Aprender a sufrir sin que eso nos anule o creamos que todo pierde sentido, porque no queremos existir sufriendo, es confundir, esconder y edulcorar lo que implica la existencia.
Con esto deseamos destacar que el aprendizaje pasa por asumir que sufriremos y que disfrutaremos, pero que vivir es una fluctuación y casi superposición de ambos estados. Los humanos no conseguimos nada, sea de la naturaleza que sea, sin esfuerzo y tesón, por lo que educar -o sea conducir, orientar en ese reto que es existir- exige honradez y transparencia con los educandos. Ni ellos quieren ser engañados ni tenemos derecho a engañarles. Cabría matizar que aprender a manejarnos en la vida es un proceso que no tiene fin, porque siempre estamos enfrentándonos a nuevas situaciones de las que aprendemos, siempre que hayamos adquiridos las herramientas vitales necesarias.

Muchas Gracias Ana. Interesante: Como enseñar y aprender a tiempo esas herramientas vitales necesarias y comprender por y para qué son necesarias
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Graciaas a ti, por leerme y comentar!!!!
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