El cuerpo es la manifestación del tiempo. El deterioro, el cansancio incrustado en los huesos y ese respirar cansino no dejan lugar a dudas de su paso inexorable. Pero los cuerpos son también el objeto o el otro expulsado, maltratado y cosificado por el sistema neocapitalista que está alcanzando un poder inusitado. Ya no cabe, ni se exige el disimulo, la hipocresía o el fingimiento. Los multimillonarios gobiernan sin pudor junto con los gobiernos afines, que también han perdido el pudor.
En algunos casos son oligarquías que se imponen tiránicamente; sin embargo, y tal vez lo más preocupante, otros gobiernos han sido elegidos democráticamente -o eso creemos- por una ciudadanía que ejerce como pueblo masificado y acrítico. Es cierto que cada uno tienes sus razones y es capaz de dar cuenta de por qué un voto y no otro. No obstante, estos motivos son parciales, casi concretos y tomándose como referencia uno mismo. El ciudadano democrático actúa como el agente económico del capitalismo, buscando principalmente su propio beneficio. Y en esta amalgama de intereses particulares se consolidan prejuicios, tópicos que aparecen faltos de un análisis riguroso. Por supuesto, la gran ausente es la ética-política, ya que no se mira a los otros como congéneres que merecen las mismas condiciones mínimas de existencia.
Hay una paradoja en estas nuevas formas de gobernanza -sin disimulo-, si tenemos en cuenta que muchas de ellas ponen el propio estado y a los ciudadanos nativos de éste como los beneficiarios únicos, y simultáneamente cogobiernan con multinacionales que, como su nombre indica, actúan y obtienen beneficios a nivel global. Esto debe hacernos sospechar que los populismos liberales que se presentan como acérrimos defensores de lo propio, están “engañando” en algún sentido a la ciudadanía. Las grandes tecnológicas multinacionales se enriquecen porque operan a nivel planetario y, si otros estados actuaran con el mismo auto proteccionismo que defienden sus gobiernos aliados, esas grandes empresas -propiedad de los hombres más ricos del mundo- verían sus ansias expansivas cada vez más vetadas. De alguna manera es como si desde un lugar del mundo se quisiera obtener todo el beneficio para unos ciudadanos determinados, a costa de todos los habitantes del planeta. Algo no cuadra del todo, ya que existen otras tecnologías con valor ascendente que pueden sustituir a las predominantes como alternativa más beneficiosa para otros estados.
La sospecha de un “engaño” bien urdido debería recaer sobre los ciudadanos que están apoyando políticas que, en principio, particularmente les benefician, aunque sea a costa de la existencia de muchos humanos que se ven expulsados como objetos sobrantes, y medidas duras para los que no se domeñen del todo a un sistema que, para más inri, se considera adalid de la libertad. Tal vez, esa promesa sea una realidad para la minoría que gobierna y sus aliados económicos y sin tardar mucho los ciudadanos se apercibirán de que importan muy poco, tan poco como los cuerpos que están siendo expulsados, maniatados y en condiciones cuestionables fuera del territorio paradisiaco.
Nos hallamos en tiempos en el que los cuerpos son atravesados a fin de subyugarlos; las formas de aherrojamiento son diversas, pero hemos visto dos: la sumisión sin consciencia de estar sometido, y la expulsión del cuerpo de todo lugar -de unos por ser “ilegales”, de otros por hambrunas y pobreza, de otros por guerras y genocidios-.
Hobbes no estaba muy equivocado cuando afirmaba que “El hombre es un lobo para el hombre”.

Hola, estimada amiga. Aunque respeto mucho tu labor intelectual no acuerdo con tu mirada tan sombría en este tema. Siempre es bueno valorar opiniones. Me tomo la licencia para enviarte otra mirada sobre el tiempo, el hombre y la historia, Con tu permiso.
«El tiempo. Reflexión sobre su devenir».
Por Carlos Szwarcer
«El Tiempo», ese pertinaz compañero de camino -tan insobornable-, marca todas las horas: las tristes, las alegres, las anodinas.
Al analizar el pasado o reflexionar sobre el presente se observa que el tiempo no pasa en vano. Una corriente de pensamiento considera que todo tiempo pasado fue mejor, quizás desconociendo o sin valorar las diversas circunstancias del devenir de la historia.
Con lo muchísimo que hay para mejorar en cada presente, y por más angustia que nos provoquen las actuales injusticias, una mirada sobre el pasado ayuda a comprender ciertos avances de toda índole; basta enumerar las enormes conquistas que se despliegan a lo largo del tiempo en un gran abanico que cubre casi todas los ámbitos, desde lo tecnológico a lo ético.
Acaso, además, vale recordar la afirmación atribuida a Francisco Quevedo: “Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, estamos condenando el futuro sin conocerlo.”
Saludos !!!
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Gracias!!!! siempre es bueno, contrastar perspectivas, así nos vamos forjando unos con los otros.
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