Considerando que la ONU es la gran ignorada de todos, cuando a cada uno le conviene y que, tenga o no, algún tipo de capacidad jurídica internacional, de facto, no posee ninguna, entiendo que las efemérides que ha proclamado para casi cada día del año carecen de resonancia y se han convertido en algo folklórico.
Si el día 8 de marzo, en su origen día de la mujer trabajadora, actualmente día de la mujer, posee alguna importancia es porque es un clamor arraigado en la ciudadanía, especialmente la femenina que ve cómo sus derechos se pisotean continuamente. No estamos, al menos en España, como hace cuarenta años, sería quejarse manipulando la situación decir lo contrario. Hay mucho conseguido en los últimos treinta años, aún así, la igualdad de oportunidades sin que el género sea un factor discriminatorio es aún una utopía, sobre todo en algunos ámbitos sociales. Es un camino por el que hay que seguir avanzando sin desfallecer.
Sin embargo, lo que a mi juicio es más preocupante en estos momentos es la reacción de un sector de la población masculina ante las conquistas de igualdad de las mujeres. Parece que esta demanda histórica de igualdad y los logros que al respecto se han conquistado hayan desatado el odio y la violencia de cierto perfil masculino hacia la mujer. Esto lo demuestran los asesinatos, la violencia tanto en algunas familias como en las calles, contra lo que se intuye como un intento de la mujer de deshacerse del dominio del hombre. La situación se vuelve más alarmante si nos damos cuenta de que entre los sectores más jóvenes esta actitud de querer imponer el dominio sobre los cuerpos femeninos, de doblegarlos a la fuerza y de que “dejen de quejarse” va en aumento, y las acciones que de esas creencias se derivan son violencia, agresiones, menosprecio e intentar imponer el miedo.
Seguramente no podemos desvincular esta actitud patriarcal en ascenso del que está experimentando la ultraderecha en todo el mundo, pero sí debemos dedicarle un capítulo especial si consideramos que no vamos a hacer apología política en las escuelas con relación a unos partidos u otros, pero sí estamos obligados a tratar con los alumnos cuanto haga referencia a la violación de los derechos humanos. La línea entre una cuestión y otra es muy fina, motivo por el cual a las escuelas que aborden la cuestión del machismo se las califique de izquierdistas, y las que promuevan ese regreso al ideal de “ama de casa” parecen de sino claramente derechista.
Ahora bien, como mujer me siento con el derecho de reclamar las oportunidades que se me han ido negando y que he ido conquistando por tozudez. Me siento legitimada para clamar contra la violencia a la que se somete a una persona por el hecho de ser mujer, ya que se la trata y se le recuerda que es un objeto sexual y alguien inferior en capacidades y, dada esa dependencia del hombre, en derechos.
Me rebelo contra la cobardía de los que agrupándose en manadas violan, vejan y maltratan a una persona, por ser mujer. Contra los que en solitario las asaltan para obtener de ellas lo que no les ha sido cedido, ni consentido, y en general contra los abusos y maltratos que se ejercen mediante la violencia y la fuerza. Considero que son los más crueles y cosificantes. Esto no resta importancia a otras formas de machismo, pero es urgente erradicar las que acabo de mencionar porque le cuesta la vida a muchas mujeres en el mundo.
Entiendo que es tal vez más factible ir logrando la igualdad en ámbitos laborales y sociales -sin que sea fácil- que acabar con esta lacra de violencia que mata.
Así, considero urgente dedicar este día del 2025 a las mujeres que en todo el mundo son víctimas de violencia de todo tipo, por su condición femenina, que las sumerge en un infierno de terror que acaba marcándolas para el resto de sus vidas, o con sus vidas. Lo urgente es, a veces, lo más importante.

En este dia de la Mujer, para usted dama Ana de Lacalle, y todas las Mujeres del Mundo, con aprecio y respecto, sinceramente, Nicolás Chafloque
«Porque has de saber, Sancho, que las mujeres son la más perfectas de las creaciones divinas. Que aunque son más hermosas que las flores, las estrellas y la luna llena juntas, son fuertes como el acero de mi lanza.
Por eso, Sancho, es menester entre los caballeros, que debemos estar prestos a sus privaciones, amarlas, cuidarlas como a la niña de tus ojos, porque nuestro mundo sin ellas, no cabe la menor duda, estaría completa e irremediablemente perdido, pues, ellas, Sancho, son la fuerza de la vida y el motor que impulsa nuestra existencia».
—Miguel de Cervantes Saavedra
📖 Don Quijote de la Mancha
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