Tiempo y silencio.

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Dice Manuel Fernández de La Cueva:

“Y después de tanto vivir, todo se resume en tiempo y silencio y llegaremos al silencio después de morder, de probar, de comer nuestro tiempo. Todas nuestras preocupaciones, todos nuestros deseos, todas nuestras frágiles sensaciones, todos nuestros débiles segundos…, todo acabará siento pasto del silencio.”

“Sobre el silencio en la postmodernidad”. ViveLibro. 2013. Pg. 69.

Un silencio que impone nuestra finitud, la mortalidad; el no contar con un tiempo infinito, aunque sí imprevisible. El tiempo es el conjunto de instantes de diferentes condiciones, matices y experiencias que constituyen nuestra existencia, y cuando éste llegue a término solo seremos “pasto del silencio”.

Este no es más el momento ineludible en el que todos, queramos o no, seremos silencio, pero no el único ni tal vez el más preciado, aunque solo sea porque depende de nosotros. Hay otro silencio, aquel en el que cada uno consigo mismo se asoma a su interior y procura tomar conciencia de qué siente, qué desea…, se escucha. Escucharnos a nosotros mismos es, diría yo, condición necesaria para escuchar a los otros. Sin ese coraje vertiginoso de inspeccionar nuestra interioridad, para aproximarnos a quienes vamos siendo en el fluir de nuestras emociones, sufrimientos y deseos, no podríamos adoptar una actitud de escucha y reconocimiento del otro. Esto último significa, haciéndonos cargo de la existencia ajena sin juzgarla, sin emitir moralinas. Esta ausencia de juicio sumarísimo tendrá lugar cuando habiendo realizado un proceso de introspección, hayamos asumido y aceptado nuestras propias contradicciones, batallas y humildemente reconocer que todos estamos forjados de ese pathos -eros/thanatos-, y que la tensión que nos provoca no es menor.

De ahí que, Fernández de La Cueva, incida en la importancia de una actitud de silencio en nuestra existencia que, en lugar del ruido exterior, nos permita se oídos para nuestro ruido interior que, de entrada, puede parecer tan caótico como el externo.

Quien sostiene el silencio es capaz de sostener la soledad.

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