El Horror

No hay comentarios

No puedo pensar con claridad, inmersa en las imágenes que nos llegan de Gaza y Cisjordania. La remembranza del exterminio que los nazis hicieron de judíos de cualquier nacionalidad, republicanos españoles, comunistas, homosexuales, discapacitados, …fuese cual fuese su edad, me golpea insistentemente, porque ya no podemos juzgar desde nuestra atalaya ¿qué hicieron sus contemporáneos? Esos somos nosotros, ahora. Más allá de manifestaciones, actos de rebeldía de muchos ante semejante barbarie ¿qué más podemos hacer? Siguen muriendo desnutridos los palestinos, el hambre es un arma cruel de guerra y cuando acuden a los lugares recientemente instalados y controlados por Israel, lo que reciben son tiros y sabotajes de palestinos pagados por el mismísimo Israel. Para demostrar que no se les puede dar ayuda humanitaria porque se matan unos a otros, qué cinismo.

Me abruman en exceso unos acontecimientos ante los que la comunidad internacional no acaba de afrontar con la contundencia que la situación requiere.

La política, tal y como hoy la conocemos, es una enajenación de la vida humana, una moneda de cambio que ha perdido todo valor, y por ello, resulta ineficaz. Se protegen más y mejor con medios de producción y las fuentes de materias primas que las vidas humanas, porque estas abundan, algunos consideran que “sobran” y qué más da cuando, encima, nos referimos a vidas consideradas de segundo orden.

El escándalo consiste en que el sistema de intercambio que es lo que otorga valor a las mercancías ha convertido la vida en una mercancía más, muy poco cotizada. Ciertamente todo vale, sea porque Dios ha muerto y todo está permitido o porque su muerte todo lo prohíbe, el resultado es el mismo. Se han desvanecido los límites entre lo aceptable y lo que no, de facto, ya que lo permitimos. Y si no hay límite ¿qué nos queda por ver o por padecer? En un mundo construido por humanos, nadie está exento de ocupar el papel del verdugo o la víctima. Todo cambia vertiginosamente, y quien hoy se considera fuera de peligro que lo disfrute porque todos podemos acabar siendo palestinos, y eso significa degollados por la crueldad y el odio de quien nos considera su enemigo, a saber, cualquiera en cualquier momento.

La decadencia de occidente no necesita de argumentación alguna, porque estamos constatándola diariamente.

Deja un comentario