La estupidez es el problema.

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La afirmación de que estamos en decadencia parece una constatación de facto, aunque no lo sea. Hemos vuelto, como ignorantes desmemoriados, a los conflictos armados extendidos por todo el planeta, a genocidios ante los que el mundo parece quedarse mudo y paralizado, sin que nadie con auténtico poder haga algo contundente, al hambre como arma bélica, al desarrollo tecnológico desbocado porque ni tiene norte, ni criterio bajo los que deba aplicarse, y esto último como si fuese un universo paralelo a cuanto acontece en el mundo. Un mundo fragmentado, descuajeringado, en el que cada asunto parece operar con una lógica endogámica sin tener en cuenta el contexto en el que se produce y, por ende, la interconexión con los otros asuntos de los que unos y los otros prescinden. En síntesis, un mundo que funciona como si fuese un montón de pedazos, cuando la interdependencia es clara y diáfana.

La decadencia es estructural, no una simple apariencia que nos desorienta. Y en este caos de pedazos atómicos parece que lo único que puede intentar zafarse y ponerse a resguardo es, paradójicamente, lo humano. A saber, aquello que del humano es digno de ser perpetuado y puede mantener relativamente al margen a aquellos que, por conciencia de cuanto acontece, sostienen una distancia del mundo, pero desde el propio mundo.

A fin de se más claros, solo los sujetos que asumen que es tan importante su autonomía como su reconocimiento del inter que sustenta a unos con los otros, intuye que lo relevante para preservar lo humano es valorar no solo a cada uno desde su singularidad, sino la red que necesariamente se entreteje a medida que existimos con-juntamente y que, en definitiva, es la que nos puede dar esperanza de que algo resta indemne del caos. Estos vínculos, el “entre” que nos da consistencia a cada uno, por mor de los otros, es el resultado del roce que un humano experimenta con otro y de la refluencia que nos constituye.

Es cierto que parece poco. Sin embargo, si la conciencia de que no podemos ser nada sin el otro estuviese interiorizada por más sujetos, es posible que parte de lo que sucede no se produciría, ya que cuando matamos a los otros nos estamos matando a nosotros mismos. Las balas, las bombas y los drones se desplazan como un bumerán, no físicamente hablando, pero sí simbólicamente. Cada palestino asesinado, cada israelí, cada ruso, cada ucraniano, cada yemení, cada congolés menoscaba lo que me da consistencia y me sostiene como humano: el reconocimiento de que soy entre y por los otros, y estos lo son con relación a mí; o dicho de otro modo somos necesariamente unos en y con los otros.

Quienes creen que lo que pasa a miles de kilómetros no me afecta como humano es una ilusión fantasmagórica que ayuda a soportar la realidad, ese exterminio continuo y acelerado de unos humanos por otros: en guerras, por expolio de riquezas, por imperialismos, por menosprecio de las vidas racializadas, feminizadas y, en conclusión, excluidas y expulsadas de todo lugar. Sí, estamos hablando sobre la estupidez, que es uno de los mayores escollos de lo humano. Os dejo el enlace a una web Ethic en la que analizan esta cuestión en un artículo.

Diez reflexiones filosóficas sobre la estupidez

Plural: 4 comentarios en “La estupidez es el problema.”

  1. Una entrada muy atinada y descriptiva del problema: desmemoria, parcialización, sinrazón y falta de empatía que apuntan al problema y que se dan en el mismo individuo (y casi al mismo tiempo, por más que resulte inquietante) que es capz de recordar, englobar, razonar y ponerse en el lugar del otro.

    Capaces de cosas extraordinarias, sí. Insoportablemente leves, también.

    Bienvenidos a la condición humana.

    Un fuerte abrazo.

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  2. «La estupidez como una elección» según aparece en la reflexión de Simone de Beauvoir en el enlace a Ethic que has compartido. Renunciar voluntariamente a la libertad por una «supuesta» felicidad, a modo de chutes de serotonina, que nos convierte en esclavos zombificados.
    Gracias, Ana, por tus artículos. Es un placer entrar en el lector de WP y seguir encontrando tus textos para reflexionar e, intentar, ser menos estúpido.
    Un abrazo!

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