“La Criatura” de Víctor Frankenstein, su nexo creador/creado, padre/hijo, autoridad/desafío entraña un cierto paralelismo con la relación humano/inteligencia artificial de la que tantas páginas, libros y conferencias están surgiendo por doquier. Es decir, hay una inquietud en el poder del humano para crear un ser no vivo -diferencia con la criatura- más potente que él, que esté a su servicio, pero que pueda llegar a subyugarnos.
En ambos casos, la ambición es ser como un dios: capaz de dotar de vida a un ser a partir de materia inerte, o emular la vida con una máquina que parezca completamente un humano y esté como vivo.
En el caso del doctor Frankenstein, se vanagloria y delira al ser capaz de dar vida de lo muerto. Su hazaña le lleva a desear que ese ser le obedezca, esté a su disposición y se esmera en que aprenda -como si naciera bebé- rápidamente el lenguaje, porque sabe que le ayudará a pensar, aunque nunca aspira a que tome decisiones. Sus expectativas se frustran, por falta de paciencia, lo llega a maltratar y la criatura, diría que, en defensa propia, se rebela contra su creador. La necesidad lleva a la criatura a adquirir completamente el lenguaje y a iniciar la búsqueda de una respuesta sobre quién es él, tan distinto a los otros humanos que conoce.

Extrapolando la versión cinematográfica de Guillermo del Toro -me parece más adecuada para lo que nos ocupa que la obra original de Mery Shelley- Frankenstein es el humano, el monstruo, porque no siendo dios actúa como si lo fuese -al menos encarna la idea de dios, no su realidad- y desarrolla una tecnología para crear máquinas semejantes a los humanos -hay presentadores de telediarios en Japón que son robots- pero con una capacidad “inteligente” muy superior en velocidad, acumulación de datos y conexiones entre ellos. La cuestión es muy parecida a lo narrado en Frankenstein: tú eres porque yo te creé y estarás a mi servicio, completando inclusive mis carencias, como la fuerza física y la inmortalidad. Hoy los humanos creamos robots que hagan ciertos trabajos -pueden ser muy diversos- por nosotros, porque nos ahorra trabajo mecánico o, y aquí está lo más relevante, porque te he dotado de una inteligencia que supera a la mía en muchos aspectos y ni vivo, ni mortal. Ahora bien, el humano tiene entre sus manos un poder que utiliza como si fuese un juguete inocuo, sin considerar que el desconocimiento que tenemos del potencial de esas máquinas que estamos creando se puede volver en nuestra contra. Hemos visto ya imágenes en las que un robot agrede al técnico que está programándolo, ….
Existe el temor de que nuestra ambición y prepotencia nos conduzca a una situación en la que no seamos nosotros quien controle totalmente a las máquinas, sino que estas adquieran una independencia peligrosa: sea creativa, invente vías de acción no previstas por el humano, decida, y sus criterios sean la eficiencia y eficacia sin ningún criterio ni límite ético.
Los robots nos acabarán diciendo: el monstruo eres tú. Algo que está constatado si nos damos un paseo por la historia y recabamos las atrocidades que hemos hecho y hacemos unos con los otros.
Hay historias, como la novela de “Frankenstein o el nuevo Prometeo”, que hace más de un siglo auguraban situaciones que considerábamos ciencia ficción y que, sin embargo, con manifestaciones acordes a la época se están replicando ante el estupor de algunos.
Monstruos y ángeles, un híbrido en tensión que cada uno debe decidir, porque se puede, qué decide y en función de qué criterios, equilibrando ese degradado lleno de matices y grises entre lo monstruoso y lo angelical.

Hace unas semanas, un excelente bloguero y muñidor de historias, publicó un post generado por IA, por supuesto, explicando cómo había sido escrito. Y, desde luego, no estaba mal pergeñado. Pero es que, hace dos o tres días, recibí un comentario en el blog de alguien que era la primera vez que opinaba en él; se trataba de un post bien elaborado y que se atenía a la entrada de referencia. Sin embargo, llamó mi atención que, en la zona de escritorio del blog, aparecían tres visitas de la página chatGTP, una de ellas unida al titulo del post en el que se acababa de comentar. Indagué y, efectivamente, el comentario de marras había sido generado con IA. Me descolocó por completo.
Salud.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Para eso , por qué comenten????
Me gustaLe gusta a 1 persona
No tengo ni idea. Quizás para probar el funcionamiento, no lo sé.
Me gustaLe gusta a 1 persona