Rememorando la barrida que se realizó en el año 1992 con motivo de los Juegos Olímpicos, las administraciones públicas han decidido que no es una buena imagen para los turistas llegar y ver unas dos mil personas durmiendo en el aeropuerto, cobijándose del frío ahora que llega el invierno.[1]
Dignos, pues, de la mayor hipocresía y falta de respeto a las personas que se “alojaban” allí, se han establecido una serie de medidas para lavar la imagen del aeropuerto y, supongo, de las calles más emblemáticas de la ciudad.
Es decir, lo importante no son las personas que no tienen donde vivir -problema cada vez más agudizado por el precio de la vivienda de alquiler- sino la primera impresión que los turistas se lleven de la ciudad. Sobre todo para que no se extienda la idea desagradable de que en Barcelona hay mucha pobreza -que es lo que de facto ocurre-.
En lugar de dedicar esfuerzos para minimizar al máximo la situación de esas personas, se hace hincapié en ocultarlos, esconderlos y después soltarlos poco a poco para que se redistribuyan ellos solitos, teniendo en cuenta que el acceso al aeropuerto será imposible para quien no vaya a tomar un vuelo.
Si en el año 92 se hizo una limpieza del barrio del Raval, un barrio que forma parte del casco viejo y cuya degradación quedaba ilustrada por las calles con drogas, prostitución e indigentes, ahora la limpieza es del Aeropuerto, ya que se ha logrado bastante que las personas sin hogar se desplacen a la periferia de la ciudad -aunque pasados los años hay que decir que son much@s los que viven en calles de barrios barceloneses.
Lo grave del asunto es que las personas, ciudadanos o no -sabemos que muchos inmigrantes no tienen legalmente el reconocimiento de ciudadanos- son tratadas como basura que hay que recoger para que no “huela” mal, ni haya riesgo de enfermedades. Se protege a los que vienen de vacaciones a no tener que observar a gente viviendo de manera inhumana, aunque lo más inhumano sea echarlos del recinto del aeropuerto y dejarlos al raso en una zona no habitada y con escasas zonas donde dormir algo cubiertos.
La hipocresía vinculada al negocio turístico es mayúscula. Empezamos a parecernos a algunos de esos países, a los que tanto hemos criticado, en los que los turistas solo visitan determinadas zonas, para no tener noticia de la pobreza y la dura realidad de sus ciudadanos.
Como hipócritas animados por el dinero funcionamos bien, pero ¿Cómo lo hacemos como ciudadanos y la necesaria ayuda mutua de la que nos acordaremos si algún día tenemos la mala fortuna de acabar así?
Probablemente, a los que viajan en avión les parezcan bien esa medidas de “seguridad”, porque cono bien sabemos es la riqueza de unos pocos lo que fundamenta la pobreza de otros muchos.
[1] https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20251014/retraso-atencion-personas-sin-hogar-aeropuerto-barcelona-el-prat-120827451
