El hecho de renunciar a lo que no nos corresponde implica disponer de un criterio de demarcación que nos permita discernir qué sí nos pertenece. Es equivalente a dirimir una noción de qué es justo y qué no. Sin embargo, hay quienes no tienen esta capacidad de diferenciar lo uno de lo otro, o aún más no les interesa porque parten del principio de que si pueden lo quieren, absteniéndose de ninguna otra consideración.
Así, poder es querer sin importar demasiado lo que realmente se quiere. Es una actitud que revela miedo, y ante esa inseguridad igualan poder y querer, aunque no sepan qué hacer con lo que acumulan. Por si acaso, está implícito en esa acción, o si lo poseo yo no lo posee otro.
Quienes actúan así perciben al otro como enemigo, por defecto, y ante la posibilidad de que poseer algo le otorgue poder al otro, si puedo me lo quedo yo porque es algo que le quito al otro. Además del miedo mencionado, fijémonos que aflora también un sentimiento de odio al otro, ya que reaccionar en lugar de actuar, realmente, denota que todo se hace en oposición a otro que es quien ciertamente actúa: poder es querer, y si tengo poder le quito al otro todo lo que está a su alcance, al margen de lo que se quiere, como apuntamos anteriormente.
Lo expuesto, remite a la distinción que hace Nietzsche entre el hacer de los señores y de los esclavos, pero más escabrosamente nos lleva a pensar en autócratas cuyas políticas se llevan a cabo más por oposición a otro que por autoafirmación.
¿Resulta de esto que Trump, Putin, Netanyahu -entre otros- son los auténticos “esclavos” que reaccionan en lugar de actuar por miedo a que otro acumule y tenga más poder que ellos? ¿Son los ciudadanos los señores? La respuesta a la última pregunta es no. Sin embargo, parecería que somos todos esclavos, unos con relación a los otros, por miedo, odio, desconfianza y falta de vínculos que no nos permitan hacer lo que nos parezca justo en cada situación. Reaccionamos para evitar que el otro acumule más poder, al tener más.
Curiosa forma de relacionarse de los humanos que nos conduce al desastre y la aniquilación de muchos, con una falta de sensibilidad horrorosa respecto al valor que, a diferencia de las cosas, deberían tener los humanos.
