Por Francesc Cortada Hindersin . CEO en Oxfam Intermón
Un año más, hoy, desde Oxfam Intermón lanzamos nuestro informe sobre Davos hashtag#WEF26. La concentración de riqueza global ha alcanzado niveles inéditos y sigue avanzando incluso en un contexto de crisis económica, tensiones geopolíticas y deterioro social. El 1% más rico del planeta controla ya cerca del 44% de la riqueza mundial, mientras que la mitad más pobre de la población apenas accede al 0,5%. Lejos de corregirse, la brecha se amplía.
Este 2025, la riqueza de los milmillonarios creció como nunca antes. Más de 3.000 personas acumulan hoy 18,3 billones de dólares, tras un aumento récord de 2,5 billones en solo doce meses. El crecimiento de estas fortunas ha sido tres veces superior al promedio de los últimos cinco años y equivale prácticamente al PIB anual de China. En la cúspide, los doce hombres más ricos del mundo concentran más riqueza que 4.000 millones de personas. Es obsceno.
El contraste es brutal. Mientras los superricos multiplican su patrimonio, la mitad de la población mundial sobrevive con menos de 8 $ al día y 1 de cada 4 personas no tiene garantizado el acceso regular a alimentos. El incremento de riqueza acumulado por los milmillonarios en un solo año bastaría para erradicar la pobreza extrema durante más de dos décadas.
Esta desigualdad no es un accidente ni una disfunción del sistema, sino el resultado de decisiones políticas concretas. La acumulación extrema de riqueza va de la mano de una creciente concentración de poder político. Los superricos ya no solo compran bienes de lujo: compran influencia, controlan medios de comunicación y condicionan las reglas del juego democrático.
Más de la mitad de las grandes empresas mediáticas del mundo tienen propietarios milmillonarios. Plataformas clave para el debate público y el desarrollo de la inteligencia artificial están controladas por un reducido grupo de grandes fortunas, con una influencia directa sobre gobiernos, elecciones y políticas públicas.
Las consecuencias sociales son evidentes. La desigualdad económica genera pobreza; la desigualdad política alimenta frustración y conflicto. En el último año se registraron cerca de 150 protestas masivas en 68 países, muchas de ellas reprimidas con violencia, mientras fuerzas de extrema derecha capitalizan el malestar señalando a minorías y personas migrantes como responsables del deterioro social.
España reproduce este patrón. En 2025, la riqueza de los milmillonarios españoles creció 4 veces más rápido que la economía, alcanzando máximos históricos, mientras los salarios perdían poder adquisitivo y el precio de la vivienda se disparaba. Hoy, 33 grandes fortunas concentran más riqueza que casi 19 millones de españoles.
Esta deriva no es inevitable. Gravar la riqueza extrema, frenar la concentración mediática y regular la influencia política del dinero son decisiones políticas urgentes. Lo que está en juego es la calidad misma de la democracia.
