La expresión “fuerza de voluntad” que se usaba, abundantemente, hace unas décadas, tenía una connotación racionalista. Es decir, se entendía que la voluntad fuerte era aquella que actuaba sometida a la razón, que, a su vez, era la que indicaba lo que debía y no hacerse. Era pues un concepto de voluntad con efluvios claros
