En ocasiones, nos mostramos obsesivamente monotemáticos y quizás por una serie de confluencias azarosas, sentimos la necesidad de desplegar inquietudes que como consecuencia de lo acontecido emanan, diría casi que compulsivamente. Bien, pues tras el post anterior, querría comentar una anécdota que me ha revolucionado la intuición. Ayer recibí por WhatsApp un mensaje de voz