Luchamos contra monstruos invisibles dando bandazos a ciegas. Contra endriagos y sus diversas naturalezas que ni, tan siquiera, podemos identificar. Lidiamos o creemos hacerlo. Tal vez solo persistimos ante tanto azote imprevisto. Estemos batallando o subsistiendo, sea como fuere, revelamos nuestra idiosincrasia, nuestro carácter combativo, ese en el que fuimos educados; aunque desconozcamos al enemigo
