Horrorizados por el salvajismo de “seres” como Bashar Háfez al-Ásad, presidente de Siria tras suceder a su padre que gobernó durante veintinueve años, que asesina impunemente a civiles gaseándolos con armamento químico, disponemos de la constatación empírica, una vez más, de que el holocausto de la segunda guerra mundial no fue más que el instante