No hay palabras para engalanar el atardecer, ni frases que luzcan su íntima presencia; privados, como estamos, de un lenguaje capaz de medirse con lo real, vivimos en un mundo cercenado por su apariencia.
DISQUISICIONES DESDE EL ABISMO
No hay palabras para engalanar el atardecer, ni frases que luzcan su íntima presencia; privados, como estamos, de un lenguaje capaz de medirse con lo real, vivimos en un mundo cercenado por su apariencia.