Quien se siente destartalado se asemeja a una marioneta amarrada a hilos que se conjugan al azar, imposibilitando, ni tan siquiera como manipulación, la captación de una cadencia coherente que propicie una subjetiva sensación de estabilidad. Ante tal desajuste, lo que conforma al individuo deviene un montón de piezas sin lugar propio que acaba descuartizando