Excavo y, por hacerlo, me desentraño esparciendo las vísceras por lugares ajenos. No hallo, sin embargo, la causa del desasosiego; ese núcleo sensible que me escuece incisivamente como un purito sin cura. Quizás, equivoqué el lugar donde buscar; a lo mejor deba continuar por el cerebro y extirparlo. Seguro que con su aniquilación se finiquita
