Las sociedades que se hacen conscientes de los ejes que vertebran su funcionamiento se hallan en condiciones de modelarlos, matizarlos y reorientarlos. Actualmente, en un mundo apresurado, existen pensadores críticos cuyos diagnósticos nos proporcionan esta privilegiada visión. Por ello, nadie se extraña de discursos que califican nuestra sociedad de líquida, light, heredera de la postmodernidad, y ahora hipermoderna y de la ligereza[1]. Quien indaga los distintos patrones observará que hay un elemento recurrente: la fragilidad ante el vacío.
[1] Lipovetsky
