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La filosofía es, por supuesto, inacabada. Así lo afirma desde una perspectiva, una fragmentación más, la filosofía del reconocimiento que la entiende como un dinamismo de reconocimiento  dialéctico continuo. Marina Garcés dedica un libro[1] a consagrar su convicción de que hoy la filosofía no es un relato lineal ubicado perfectamente en la linealidad de la historia. El punto de vista ha cambiado porque la sociedad y la filosofía misma no pueden ya considerarse estados de paso de ninguna historia con principio y fin. Entiende el quehacer filosófico enraizado en el mundo, patrimonio de cualquier ser humano y surgiendo y quebrándose en las calles. Se acabó la filosofía como patrimonio de élites academicistas. Crítica y producción, una guerrilla del concepto. Más miliciana que militante. Es la herramienta, sostiene Garcés, más común y más bien distribuida que tenemos a mano para rebelarnos contrala dictadura del final.

A pesar de que parece verosímil que la ruptura con la filosofía exclusivamente academicista, haga de la filosofía comprometida  con la sociedad algo necesario, desestimando la problemática sobre la utilidad/inutilidad -y sin estar por tanto en desacuerdo con M. Garcés- me atrevería a calificar su discurso de algo demagógico y poco realista. Me explico: difiero de la postura que insiste en defender que todos somos filósofos. Es tanto como decir que todos somos matemáticos porque contamos, o escritores porque escribimos o,…la idea es atrayente para los aficionados pero honestamente la considero demagógica y falsa. No todos somos filósofos, la que suscribe esto seguramente tampoco. En segundo lugar he leído distintos discursos sobre la batalla que debe presentar la filosofía, pero casi ningún filósofo he visto en la batalla. Pecan, pecamos si es el caso, de teóricos, lo que le resta relevancia a si la filosofía es inacabada o no, porque su impacto sobre el mundo seguirá siendo nulo. Tengo la impresión de que en el imaginario de lo que debe ser un filósofo sigue operando la idea de no “ensuciarse” con el mundo, por eso los discursos versan sobre qué debe ser la filosofía, pero nadie lo hace porque su imagen quedaría perjudicada. Creo recordar que F. Savater es de los únicos que han actualizado su pensar, estemos o no de acuerdo con él, merece ese reconocimiento.

Apelo, pues a la necesidad de que los filósofos sean, o seamos, personas de empaque y sustancia. Capaces de personificar la coherencia entre el lenguaje y la acción. Si no fuese así, todo quedará en discursos inútiles que condenarán la filosofía a un ostracismo tal vez ganado apulso.

La Filosofía Mundana por la que apuesta Marina Garcés[2] y la Filosofía del Reconocimiento propuesta en este blog son de esas perspectivas complementarias –no contrapuestas en ningún sentido- que pueden coadyuvar como pensamientos fragmentarios y diversos pero con un espíritu compartido: que la filosofía mantenga una dialéctica sustancial entre el sujeto y el mundo mediante la cual se favorezca la dignidad de la vida humana.

[1] Marina Garcés, Filosofia inacabada. Galaxia Gutemberg .Barcelona 2015

[2] Recomendable la lectura de la obra e interesante síntesis histórica con la que argumenta su apuesta por una Filosofía inacabada.