Las sombras de humanidad se proyectan desde quien se siente legitimado para decidir el destino de los refugiados e inmigrantes, como imágenes desvirtuadas de lo que debieran ser y no son. Desde el terreno de los rechazados hay tan solo humanidad troceada, pero no umbrática. Porque se muestran descarnados en su horror y su tragedia tal cual, sin sombras tupidas y confusas.
