En plenas vacaciones escolares parece un deseo unánime el de dejar descansar el manido problema de la educación. Esto en el ámbito del debate público puede ser concedido, pero no en el espacio familiar ni en el de la reflexión personal.
Me parece evidente en el plano familiar porque a la función parental no le corresponden descansos ni cuando duermen –que es un decir, por exagerar- ya que la función educativa primordial corresponde a la familia. Esto creo que no hay que dejar de remarcarlo, porque de otra forma no podremos resituar a la escuela en el lugar que le corresponde y este es el paso previo en la recreación de cualquier sistema educativo. El término reforma intuyo que está ya excesivamente desacreditado.
En cuanto a la reflexión personal, considero que estos momentos de descanso sean tal vez más fructíferos en ideas entre los profesionales de la educación. Es necesario otorgar a la escuela su función, pero también perfilar los profesionales que deben acometerla y el margen de autonomía que a estos se va a conceder en cuanto a contenidos y metodologías.
En alguna de las últimas reformas –imposible recordar en cual- se hacía hincapié en la importancia de adecuar el currículum a las peculiaridades del centro educativo, nada más acertado si atendemos a la diversidad de alumnado que se distribuye en las diferentes escuelas. Pero además añadiría que hay que saber respetar y aprovechar la idiosincrasia de los profesionales del centro, porque seguramente su calidad como educadores será mayor.
Simplemente, hago un llamamiento a huir del error de considerar la homogeneidad como condición necesaria de la igualdad. Una cuestión es la igualdad de oportunidades, otra la eliminación de las diferencias individuales que buscan la multiplicación de clones ante un discurso único que anule cualquier tipo de discordia.
Para que la sociedad sea diversa los modos de ser y hacer que eduquen a los alumnos deben serlo, mientras estos sean respetuosos y de calidad. Imponer formas monolíticas de impartir clases, de enseñar o de plantear materias puede ser un atropello a lo que se había denominado libertad de cátedra y gracias a la cual habían surgido grandes Maestros.
Escuchemos a los profesores y realicemos una recreación del sistema educativo desde la libertad de expresión de estos, en foros neutros donde se pueda de manera decisiva recoger la voz de la experiencia. Nunca son neutros los foros abiertos en las escuelas mismas donde determinadas intervenciones son rechazadas.
