Muertes de tráfico y por Suicidio

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Durante el año que acabamos de cerrar, el número de suicidios ha duplicado al número de muertes por accidentes de tráfico. Sin embargo, aunque todos somos conscientes del esfuerzo que se ha llevado a cabo para disminuir los accidentes automovilísticos, no parece que las autoridades sanitarias hagan ningún esfuerzo por luchar contra esta tendencia alza de las muertes voluntarias. ¿A qué se debe este criterio dispar?

Las campañas contra las imprudencias que provocan los accidentes de tráfico  tienen unos costes, pero a su vez un aumento de las sanciones y de la rigidez con la que se aplican que comportan ingresos en las arcas del Estado. Un ejemplo claro son los radares en carretera. Si su función es inhibir el exceso de velocidad no tiene sentido que estén ocultos, a no ser que lo que interese de veras sea “cazar” infractores para imponerles elevadas multas. La presencia del radar, si es advertida, ya controla la velocidad de los coches impidiendo que el exceso de esta sea la causa de una desgracia.

Tomar medidas para disminuir el deseo de acabar con la propia vida implicaría un cambio importante en la política de la salud mental, que aumentaría los costes y no repercutiría de forma compensatoria de ninguna manera, en términos económicos.

No obstante creo que cabe distinguir la naturaleza de una muerte y otra. Las que se producen a causa del tránsito automovilístico son accidentales no voluntarias –aunque pueda ser usado este medio como recurso de autolisis- por su parte las que se producen a causa del suicidio son voluntarias. La dificultad está en el auténtico grado de voluntariedad o de desesperación y soledad que lleva al individuo a esta drástica solución. Aunque se considere la muerte voluntaria como un derecho, lo que no puede suceder es que se llegue a esta decisión por una coyuntura de desesperación y presión a la que se ve sometido personal y socialmente un individuo. Esta sería tal vez una decisión altamente condicionada y poco voluntaria.

En este sentido la salud pública y el estado deben garantizar una atención suficiente para que nadie se vea lanzado al suicidio como única salida. Con una atención psiquiátrica y psicológica adecuadas a las necesidades del individuo y unas garantías económicas que preserven la dignidad de las personas. Porque intuimos que la crisis económica ha tenido relevancia en estos comportamientos que tal vez hubieran sido otros en circunstancias más benignas.

Finalmente, nadie habla de erradicar  los accidentes ni el suicidio. Sería como erradicar la naturaleza humana de los humanos.

Referencia: http://www.lavanguardia.com/vangdata/20160331/40774611362/suicidios-accidentes-trafico-causa-de-muerte-espana-grafico.html

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