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Zanjado el ritual de la natividad de Jesús, cedamos paso con la misma intensidad a las auténticas natividades, en absoluto reiterativas, que ya claman justicia, a las que son idea y no hay virgen ni espíritu que las geste, a las que no caducan ni con la muerte de unas víctimas, porque siempre hay otras. Eso es actualidad viva en cada hombre sangrando de injusticia. ¿Para qué un rito cuando tenemos la realidad palpitando?