Modernidad en el abismo

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Acuñar conceptos bajo los cuales ubicamos aconteceres o fenómenos es un acto de la racionalidad en su afán de comprender el mundo. Hallado el término, a veces por negación o contraposición a otro, nos parece que su significado brota espontáneamente solo pensándolo como lo no-siendo aquello que dejamos atrás. Es curioso que este modus operandi funciona en el ámbito del análisis social y cultural desde hace tres cuartos de siglo. Parece como si la modernidad hubiese sido el último concepto acuñado en sí mismo, por pura afirmación, y que a partir de ahí todo intento de clarificar los devaneos sociológicos y culturales se hayan realizado en oposición o superación a la modernidad como punto de inflexión.

Lo que hay, pues,  no sería más que la reacción a esa época que tuvo entidad propia. Se nos supondría en una época insustancial, ligera, líquida, light, como diversos pensadores la han calificado intentando destacar que es una sociedad vacía, sin horizonte, incrédula que busca la felicidad en la satisfacción rápida y hedonista tal y como determina el poder dominante que es el capitalismo.

Los críticos con la sociedad postmoderna, como se la ha denominado, no se han apercibido que no hay punto de inflexión que valga. Como bien profetizó Nietzsche, la modernidad como una etapa más del desarrollo de la cultura occidental deriva necesariamente en esa época post y en la que ahora empiezan a denominar hipermoderna. Y que con cada una de ellas se produce la muerte de Dios, el nihilismo, la caída de las democracias liberales, el resurgimiento de los populismos y en definitiva una insatisfacción perenne fruto de haber fundado una cultura mirando a una futura perfección que no es propia de la naturaleza humana, ni de nadie más que sepamos. O es que ¿Hay alguien más?

Una cultura que se erige desde un platonismo inherente al que no ha dejado de renunciar ni en la misma Ilustración, porque la Razón se alió con Dios, más que substituirlo, evoluciona necesariamente a una decadencia que acontece con más intensidad cuando los individuos topan con el sin sentido y el vacío.

Así la modernidad se muestra como el claro inicio de una caída abisal.

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