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La propiedad privada satisface nuestros instintos de poder. De ahí a considerarla un derecho natural resta un largo dialogo justificativo, más aun cuando los derechos son siempre positivos o civiles. Lo  cual no es óbice para reconocer, que los más acérrimos detractores de la propiedad privada son los primeros cuya intimidad como persona exige garantías de que se proteja un mínimo de cosas de índole privado.