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Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante ese grito del corazón. El mundo mismo, cuya significación única no comprendo, no es sino una inmensa irracionalidad.

Si se pudiera decir una sola vez: “esto está claro”, todo se salvaría. Pero estos hombres proclaman a porfía que nada está claro, que todo es caos, que el hombre conserva  solamente su evidencia y el conocimiento preciso de los muros que lo rodean. El espíritu llegado a los confines debe llegar y elegir sus conclusiones. En ese punto se sitúan el suicidio y la respuesta.

A.Camús, El mito de Sísifo

La conciencia de las preguntas, la claridad, el tiempo de indagación y la búsqueda, agotada la razón, desde las entrañas del corazón y las vísceras de la pasión, definen la urgencia de respuestas, la intensidad de la angustia en la espera, y si seremos Sísifo, cargando indefinidamente el sin sentido de la caída perpetua  o Zaratrusta, carcajeándose del dolor en sí, y bailando a la vida sin más.

Sería iluso pensar que todo individuo, como humano, no tiene la pregunta colgando de la cabecera de la cama. Simplemente hay quien nunca levanta la vista del suelo, para no tropezar con “las piedras del camino”, sin apercibirse de que la perspectiva de los bípedos es  por naturaleza más amplia.