Sin conciencia ni, por ende, voluntad fagocitamos cuantos efluvios emanan del entorno, precisamente por eludir el uso de nuestro privilegio natural: la conciencia de, que deriva en necesidad de pensar.
DISQUISICIONES DESDE EL ABISMO
Sin conciencia ni, por ende, voluntad fagocitamos cuantos efluvios emanan del entorno, precisamente por eludir el uso de nuestro privilegio natural: la conciencia de, que deriva en necesidad de pensar.