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Desquiciarse, perder la firmeza, es un estado mental al que está sujeto cualquiera, como posibilidad, si consideramos los acontecimientos desgarradores que podrían sobrevenir. Por ello, al menos, deberíamos omitir los juicios gratuitos sobre los que, para su desgracia, se trastornaron y perdieron la compostura en ese tipo de circunstancias “des-quiciantes”.

Tan solo el compasivo es merecedor de compasión.