Quien se percibe ínfimo, necesita clamar su propio menosprecio para que otros, abrumados por la crueldad auto-infringida que observan, acudan a rescatarlo de sí mismo –ese juez sin piedad, ni compasión que lo condena al vacío-
Autoestima
Etiquetas: autoestima, menosprecio
Publicado por Ana de Lacalle
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