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Si a quien reconstruye su vivir, o lo inicia como tal con conciencia, le mostramos las ruinas huecas de las que parte, en crudo, estamos evidenciando la difícil tarea de vivir, habiendo estado casi muerto. Es algo así como invitarle a masticar su miseria para que tras la indigestión resurja vívido negando un pasado que lleva en las entrañas. No tienes vida –le espetamos sutilmente- pero estás obligado a crearla.