Pesadillas

Esta noche se ha convertido en un delirio, atestado de alucinaciones en que aparecían infantes vertiendo pánico en sus rostros mediante lágrimas que podían formar un riachuelo al pie de las celdas-jaulas en que se hallaban secuestrados. Mi misión era facilitarles golosinas que calmara su angustia, como pequeños monos aulladores que caían en la trampa que los transportaba a un estado de sedación para acallar sus lamentos.

No hay banalidad del mal, porque yo sabía lo que estaba haciendo, más allá de la cadena de mando que profiriera las órdenes. Un ser humano, con conciencia no puede nunca escudarse de sus acciones malvadas, por eso nunca se cometen atrocidades banalmente. Quien así procede es un individuo des-humanizado.

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