La vergüenza de ser Trump

Ayer fuimos testigos de uno de los episodios más crueles e inhumanos de nuestro siglo: la separación forzosa y sin piedad de familias en la frontera de México y EUA, en la que niños –algunos asombrosamente pequeños- eran arrancados de los brazos de sus padres y encerrados en celdas que se asemejaban, hasta erizar el vello de la sensibilidad, a una jaula de monos. La razón, según el presidente Trump, el control de la inmigración ilegal, las consecuencias, unas imágenes que recuerdan a los momentos más espeluznantes del siglo pasado. Y esto llevado a cabo por el cínico e hipócrita centinela del mundo que vela por la libertad, la democracia y los derechos humanos, arrogándose siempre la legitimidad para intervenir militarmente allí donde se le antoja.

La cuestión más punzante es ¿Qué respuesta va a dar el mundo a tal acontecimiento deleznable? ¿No merece esto una intervención decidida de las Naciones Unidas para preservar el derecho de esos niños que han sido tratados como crías de animales? Seguramente el silencio de muchos sea la vergüenza pública de un mundo donde el poder económico y político traspasa todos los límites impunemente. La Unión Europea se desintegrará más, ante la falta de consenso y rotundidad frente a unos hechos efectuados por la mayor potencia de occidente, mostrándose una marioneta de los poderes fácticos y renegando con su gesto de los valores y principios más básicos.

Los ciudadanos del mundo no somos objetos a cosificar, ni los que sufren ese maltrato, ni los que lo observamos atónitos y llenos de rabia tal ejercicio de maldad. Existe un problema global de movimientos migratorios de los países pobres –expoliados durante siglos por los países ahora ricos- a los más enriquecidos, que no puede saldarse con políticas de vallas con concertinas, cárceles, e indiferencia ante los miles de personas que mueren en el mar en su intento de emigrar. Las injusticias generan más injusticias, y occidente está recogiendo lo sembrado durante mucho tiempo. Cierto es que en los países de origen existen conflictos armados de una complejidad importante, pero también que esos desacuerdos en muchos casos han sido azuzados desde la sombra por los países ricos en pro de su conveniencia.

La responsabilidad inmediata para dar respuesta al problema la tienen los políticos, y los ciudadanos el deber de presionarlos para que se adopten acciones en favor de los expulsados del mundo.

¡Basta ya de atrocidades!

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