Lo ficticio como catarsis

Un comentario

Las diversidades de formas literarias constituyen expresiones de la variedad de experiencias del autor. Y esta solo se da propiamente donde tiene lugar la aprehensión, la captación intuitiva de lo vivenciado, que permite dar sentido y hacer comprensible lo realmente acontecido. Así, aquello que conforma el bagaje vital de quien escribe se refleja, proyecta o filtra a través de los  escritos que sin tener como propósito “desnudar” al autor, acaban por despojarlo de todo ropaje inexorablemente.

Obviamente, cada tipo literario espejea a su creador de distinta manera. No es equivalente lo que entrevemos leyendo un ensayo que un poema o una novela.

Es mi voluntad detenerme brevemente en el arte de la pura ficción, porque siendo la que aparentemente más lejana queda de lo genuino del literato, intuyo que es la manifestación más ajustada a las tramas internas conscientes o inconscientes de quien cree que, aquello que está gestando, no tiene nada que ver consigo mismo, porque no es más que fantasía e invención.

Y es que, ahí donde nuestras defensas se relajan, hallándonos en un acto de libre creación entregados a la imaginación y la mera inventiva, es cuando se produce la liberación sin filtros de lo que palpita y puja en nuestro interior. Es en el acto de crear ficción, cuando lo que efectuamos es una re-creación propia de nuestro sentir –que puede no estar conscientemente desvelado- anhelar o temer. Por ello, frecuentemente algún personaje representa el alter-ego del autor aunque ni él mismo se reconozca sin un esfuerzo analítico sincero y valiente. Podemos ser el mendigo que se desplaza sin norte por las callejuelas laberínticas del casco antiguo de una gran urbe, el héroe justiciero, el macabro explotador,…es decir, precisamente porque la ficción nos protege aparentemente de ningún atisbo de realidad, somos capaces sin remilgo alguno de espolear lo que sucede en el relato hasta tensarlo al límite, reproduciendo sin conciencia propia, ni ajena, nuestras más acuciantes aspiraciones ocultas y metamorfosearnos en quien nos sentimos que somos, al margen de lo que intersubjetivamente reconoceríamos como realista y veraz.

Este juego, en el fondo, alegórico es tremendamente catártico porque vivimos las vidas que nos han sido negadas, por muy indeseables que se antojen, pero que revelan el auténtico yo que subyace al sujeto social en que nos hemos convertido.

Singular: 1 comentario en “Lo ficticio como catarsis”

  1. Supongo que es la paradoja de todo “dizfraz”, sea en la realidad o a través de creaciones de ficción.Y es que a veces el disfraz es usado, no para ser otra cosa y escapar de nuestro yo, sino para poder ser realmente nosotros mismos. Actúa entonces como un protector de una identidad social establemente forjada. Como en un baile de máscaras donde el “antifaz” te oculta y te permite hacer, fuera de ti. Actúa para poder ser nosotros sin las responsabilidades derimidas de ser nosotros. Una catarsis supongo sana y necesaria para no perder definitivamente nuestra esencia, del troceamiento que suponen esos roles e identidades.

    He entrado por primera vez a tu blog y me han gustado bastante el contenido y las entradas!
    Un saludo!

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